HIPERTEXTOS DEL ÁREA DE LA BIOLOGÍA
PRINCIPAL INTRODUCCIÓN ANIMACIONES CÉLULAS BIODIVERSIDAD HERENCIA EVOLUCIÓN

TERAPIA PASIVA DE ANTICUERPOS EN EL TRATAMIENTO DE ENFERMEDADES INFECCIOSAS

La terapia basada en anticuerpos está sufriendo un renacimiento en la actualidad. Después de que fue desarrollada y luego abandonada en el siglo 20, muchas preparaciones de anticuerpos están ahora en uso. Sin embargo la mayoría de los reactivos que están disponibles apuntan a enfermedades no infecciosas. El interés en el uso de anticuerpos para el tratamiento de las enfermedades infecciosas es ahora fomentado por la amplia diseminación de microorganismos resistentes a las drogas empleadas, la aparición de nuevos microorganismos, la relativa ineficacia de las drogas antimicrobianas en los huéspedes inmunocomprometidos y el hecho de que las terapias basadas en anticuerpos son la única manera de proveer inmunidad inmediata contra las armas biológicas. Dada la necesidad de nuevas terapias antimicrobianas y muchos avances tecnológicos recientes en el campo de la investigación de la inmunoglobulina, hay un optimismo considerable respecto de las aplicaciones renovadas de la terapia basada en anticuerpos para la prevención y tratamiento de las enfermedades infecciosas.

La terapia pasiva de anticuerpos fue la primer estrategia antimicrobiana efectiva. La habilidad de los anticuerpos específicos para proteger contra toxinas bacterianas fue descubierta por Behring y Kitasato a principio de los 90´ y esta observación conduce al rápido desarrollo de la terapia de anticuerpos para el tratamiento de varias enfermedades infecciosas. Como todas las preparaciones de anticuerpos son derivadas de los sueros de animales inmunizados o de donadores inmunes, esta forma de terapia fue conocida como "terapia serológica". Esta terapia fue efectiva, pero la administración de grandes cantidades de proteínas animales estaba asociada a menudo con efectos laterales que ponían de manifiesto en forma inmediata reacciones de hipersensibilidad para las enfermedades serológicas, la cual es una forma de una enfermedad compleja asociada a la reacción antígeno-anticuerpo. Por el año 1930, los desarrollos en los métodos de purificación de los anticuerpos permitieron la producción de preparaciones de anticuerpos con reducida toxicidad, y la terapia serológica fue una manera efectiva de tratar muchas enfermedades infecciosas. Sin embargo, después de 1935, el uso de la terapia serológica declinó rápidamente debido a la introducción de sulfonamidas y más tarde, otras clases de quimioterápicos antimicrobianos. A finales de la década del 40´, los sueros fueron abandonados por un largo tiempo como agentes antibacterianos, pero la terapia basada en los anticuerpos conservó un nicho como un tratamiento para los venenos, toxinas y ciertas infecciones virales.

Una de las paradojas de la historia de la terapia serológica es que su abandono coincidió con los avances en la tecnología de la purificación de anticuerpos que reducían significativamente la toxicidad de las preparaciones con anticuerpos. Uno puede especular que estos avances tecnológicos deberían permitir a la terapia serológica competir con los nuevos agentes antimicrobianos ....................... . De hecho, hay registros de que la combinación de la terapia serológica y antimicrobiana fue efectiva. Desafortunadamente, la toxicidad y complejidad de la terapia serológica fue tal que los beneficios de la terapia combinada no fueron suficientes para justificar su uso continuado para tratar enfermedades para las cuales estaba disponible la terapia antimicrobiana. Sin embargo en la segunda mitad del siglo XX, la inhabilidad para tratar ciertas enfermedades virales condujo a esfuerzos para el desarrollo de preparaciones de anticuerpos derivadas de donadores humanos inmunizados para la profilaxis y tratamiento de la rabia, la hepatitis A y B, el virus de la varicela-zóster y la neumonía causada por el virus respiratorio sincitial (RSV).

UNA REVOLUCIÓN TECNOLÓGICA

En 1975, el descubrimiento de un método para producir ANTICUERPOS MONOCLONALES (mAbs) por inmortalizar las células B, la cual se desarrolló en la TECNOLOGÍA DEL HYBRIDOMA, revolucionó la terapéutica de los anticuerpos. Por primera vez, fue posible producir grandes cantidades de una inmunoglobulina de especificidad definida y un simple ISOTIPO in vitro. Esta innovación permitió la generación de anticuerpos homogéneos, la mayoría en cantidades ilimitadas, eliminando la necesidad de una gran cantidad de donadores humanos o animales. Junto con el desarrollo de nuevos métodos para la clonación, y la tecnología del ADN recombinante, el desarrollo de la tecnología del Hybridoma fue reemplazada por técnicas para modificar genéticamente las moléculas de anticuerpos, incluyendo la síntesis de mouse-human chimeric y ANTICUERPOS HUMANIZADOS. En la última década del siglo XX, hubo nuevos avances tecnológicos, incluyendo la inmortalización de las células humanas B periféricas, que se clonan directamente de genes variables dentro de la biblioteca de expresión y la creación de ratones transgénicos que producen sólo anticuerpos humanos. Cada una de estas tecnologías tiene limitaciones inherentes, juntas proveen la manera de producir anticuerpos monoclonales contra cualquier antígeno.

La tecnología del Hybridoma fue rápidamente explotada para el uso clínico, y un mAb para el CD3 fue introducido en la práctica clínica a mediados de los 80´ para prevenir el rechazo de los órganos. Después de la introducción del mAbs, hubo que esperar por el rápido desarrollo de muchas aplicaciones terapéuticas, especialmente en el campo de la oncología. Sin embargo, la marcha del descubrimiento y desarrollo fue enlentencida por la complejidad de los tumores marcados con buen resultado y los fracasos muy bien publicitados de dos anticuerpos anti-endotoxinas, este fracaso se debería a un entendimiento insuficiente de la patogénesis microbiana y los mecanismos de acción de los anticuerpos, las áreas en las cuáles se estudia el uso de los anticuerpos monoclonales han provisto recientemente nueva información muy rica. A finales de los 90´ muchos mAbs estaban en desarrollo clínico avanzado. En la actualidad, más de 12 mAbs están patentados para el uso terapéutico, incluyendo dos que están marcados con radionucleidos para repartir radiación a los tumores cancerosos. Sin embargo, es sorprendente que sólo un mAb, el palivizumab, ha sido patentado para una enfermedad infecciosa (la infección producida por el virus respiratorio sincitial), a pesar de que los anticuerpos han probado ser buenos agentes antimicrobianos.

 

LAS ENFERMEDADES INFECCIOSAS PROVEEN UNA AMPLIA VARIEDAD DE BLANCOS

La terapia pasiva con anticuerpos ha sido usada contra muchos microorganismos que son responsables de enfermedades humanas, incluyendo representantes de los grupos microbianos virales, bacterianos, fúngicos y parasitarios ( Tabla 2). En contraste al uso de la terapia de anticuerpos monoclonales para tratar malignidades, las cuales dependen de la discriminación entre los antígenos propios que son expresados por las células tumorales normales, la terapia pasiva con anticuerpos para el tratamiento de las enfermedades infecciosas es ayudada por las grandes diferencias antigénicas entre el microorganismo y el huésped. Históricamente, los anticuerpos han sido efectivos cuando se los dirigía contra cada antígeno microbiano o sus productos, tales como toxinas. En algunas enfermedades microbianas, los anticuerpos proveen un componente de la respuesta inmune humoral para la infección natural, mientras tanto la defensa del huésped contra otros microorganismos cuenta primariamente con mecanismos inmunes mediados por células. No obstante, no hay evidencias considerables para indicar que es posible generar anticuerpos monoclonales que nos protejan contra microorganismos -tales como Mycobacterium tuberculosis, Lysteria monocytogenes, Leishmania mexicana e Histoplasma capsulatum- para el cual la activación de la inmunidad humoral no es importante para el desarrollo de la resistencia a la infección natural. Incluso los microorganismos pueden ser susceptibles a anticuerpos.

 

En la era pre-antibiótica, la terapia de anticuerpos fue desarrollada contra una amplia variedad de enfermedades infecciosas ya que no había terapias alternativas. Hoy, si bien las drogas antimicrobianas están disponibles, la resistencia microbiana, la aparición de microorganismos que no son susceptible a las drogas existentes y el hecho de que las drogas antimicrobianas son a menudo inefectivas en los huéspedes inmunocomprometidos pueden comprometer la eficacia de estas drogas. Esto último se ejemplifica por la falta de éxito en el tratamiento de enfermedades infecciosas que aumentan en los estados de inmunosupresión severa, tales como transplantes de médula ósea o de órganos y en el caso de SIDA. Interesantemente, sobre la base de la evidencia que la eficacia de los mecanismos que emplean los anticuerpos pueden incluir la regulación o inducción de respuestas inmunes celulares, la terapia de los anticuerpos con o sin inmunomoduladores adicionales debería ser una promesa para el tratamiento de enfermedades en huéspedes inmunocomprometidos. Por lo tanto, los anticuerpos representan una nueva, si bien están históricamente validados, aproximación al desarrollo de las terapias contra los microorganismos que causan enfermedades en individuos con su sistema inmunitario disminuido y/o para los cuales no hay drogas disponibles.

TERAPIAS BASADAS EN ANTICUERPOS: PRO Y CONTRAS

Las ventajas y desventajas de las terapias basadas en anticuerpos se comparan a menudo con la de las drogas antimicrobianas convencionales. Sin embargo, las inmunoglobulinas son suficientemente diferentes en sus características físicas y sus modelos de acción para ser consideradas como una clase terapéutica distinta.

Ventajas: las terapias basadas en anticuerpos que usan anticuerpos humanos o humanizados tienen baja toxicidad y alta especificidad. La alta especificidad de los anticuerpos puede considerarse como una ventaja y como una desventaja. La ventaja de la alta especificidad es que la terapia basada en anticuerpos apunta sólo a los microorganismos que causan la enfermedad y, por lo tanto, no alteraría la flora del huésped o no elegiría entre los microorganismos no marcados algunos para la resistencia. Sin embargo, la alta especificidad significa también que más de una preparación de anticuerpo debería requerirse para marcar microorganismos con alta variación antigénica. De hecho, en el caso de la terapia serológica, numerosos sueros de tipos específicos fueron desarrollados para el tratamiento de la neumonía producida por pneumococo ya que solamente un suero de tipo específico fue efectivo contra el pneumococo. En teoría, una desventaja de la alta especificidad es la aparición de variantes que no tienen el determinante que los anticuerpos reconocen, tal es el caso de los mutantes virales que escapan a ellos. El uso de mezclas de anticuerpos que son específicas para varios antígenos podría obviar este inconveniente. Sin embargo, esta aproximación tendría además la desventaja de aumentar el costo de la producción y la complejidad de que un lote regular debe ir acompañado de eficacia y seguridad.

La alta especificidad de las moléculas de anticuerpos se complementa por su versatilidad, lo cual permite que el anticuerpo se una a un determinante simple para mediar varios efectos biológico diferentes (Fig. 1). Como los productos naturales del sistema inmune, los anticuerpos pueden interactuar con otros componentes del sistema inmune. Algunos mecanismos de acción de los anticuerpos, tales como la neutralización de toxinas y virus y la activación del complemento, y funciones antimicrobianas claras, tales como la generación de oxidantes, son independientes de otros componentes inmunes del huésped. Por el contrario, la citotoxicidad celular dependiente de los anticuerpos y la opsonización son dependientes de la inmunidad celular y de otros mediadores del huésped. En años recientes, el reconocimiento de que los anticuerpos pueden ser inmunomoduladores, que conecta en paralelo a la respuesta inmunitaria innata, adquirida, celular y humoral, ha revelado nuevos mecanismos de la inmunidad mediada por anticuerpos y ha provisto un mejor entendimiento de cómo y por qué los anticuerpos son efectivos contra microorganismos para los cuales ellos no median un efecto biológico directo. De hecho hay evidencias de que las células B y los anticuerpos pueden proteger contra ciertas enfermedades infecciosas mediante la reducción del daño ocasionado al huésped resultante de la respuesta inflamatoria. Esto explicaría en parte la eficacia de la inmunoglobulina intravenosa, la cual es usada para el tratamiento de ciertas condiciones inflamatorias. Evidencia que las interacciones específicas del receptor con la inmunoglobulina G (IgG)-Fc puede inhibir la respuesta inflamatoria indica que la terapia de anticuerpos sería efectiva contra ciertas enfermedades infecciosas mediante la reducción del daño que resulta de la respuesta inflamatoria del huésped.

 

 

Además, el uso de anticuerpos como reactivos terapéuticos tiene la ventaja de que existen varios isotipos, los cuales pueden funcionar terapéuticamente tanto en formas intactas como en cada fragmento. En la molécula intacta, la región variable (Fab) se une al antígeno, mientras que la región constante (Fc) determina las propiedades biológicas de la molécula de inmunoglobulina, tales como la vida media del suero, la interacción con los receptores celulares Fc y la habilidad para activar el complemento. Cuando la unión del anticuerpo a un antígeno blanco es suficiente para mediar un efecto, el cual puede ocurrir cuando un anticuerpo está funcionando como una antitoxina o un agente antiviral, un fragmento de anticuerpo puede ser suficiente para la eficacia. Sin embargo, cuando la eficacia del anticuerpo es dependiente de la inmunomodulación o interacción con las células efectoras para mediar la fagocitosis, la activación del complemento o la citotoxicidad celular dependiente de anticuerpos, se requiere una molécula de inmunoglobulina. Que un fragmento Fab o un anticuerpo intacto sea apropiado como un agente terapéutico depende además del microorganismo que está siendo marcado y del estado inmunológico del huésped. Como los efectos biológicos que dependen del receptor Fc podrían requerir la función inmunológica del huésped intacta, los anticuerpos que tienen efectos antimicrobianos directos o que median efectos beneficiosos por la unión de Fab sólo deberían ser más útiles en huéspedes inmunocomprometidos. Los anticuerpos con propiedades antimicrobianas han sido recientemente descriptos contra diversos microorganismos, incluyendo Borrelia spp., Candida albicans y Criptococcus neoformans.

Una ventaja potencial importante de la terapia de los anticuerpos es que pueden tener un efecto sinérgico o aditivo cuando son combinados con la quimioterapia antimicrobiana tradicional contra enfermedades bacterianas y virales. Además, estudios recientes sugieren que las combinaciones de anticuerpos y drogas son más efectivas contra las infecciones fúngicas que cuando cada terapia se usa sola. Consecuentemente, las terapias basadas en anticuerpos podrían ser incorporadas fácilmente en los protocolos de los tratamientos existentes, sin embargo, la demostración de las ventajas que tiene la terapia combinada en tratamientos clínicos rigurosos puede ser lógica y prácticamente difícil, y el uso de la terapia de combinación sería más costoso.

Además de sus ventajas como agentes terapéuticos, los anticuerpos han tenido un rol central en el desarrollo de las vacunas. Históricamente, el desarrollo de vacunas para numerosas enfermedades infecciosas fue fomentado por la terapia basada en anticuerpos y la investigación en la inmunidad mediada por anticuerpos. La terapia de anticuerpos puede ser protectora contra una enfermedad infecciosa, lo que sugiere que una vacuna que despierta anticuerpos similares podría proteger contra patógenos relevantes. Por ejemplo, la terapia pasiva de anticuerpos exitosa contra el Pneumococo pneumoniae y la difteria precedieron el desarrollo de vacunas contra estas enfermedades. Más recientemente, la generación de mAbs protectores contra C. neoformans y C. albicans identificaron antígenos polisacáridos que fueron usados luego para diseñar vacunas conjugadas efectivas. Los anticuerpos protectores para los polisacáridos microbianos pueden usarse para identificar MIMOTOPOS PEPTÍDICOS que despiertan la respuesta protectora de los anticuerpos, y los anticuerpos que despiertan respuestas protectoras idiotípicas pueden usarse directamente como inmunogenes. Los esfuerzos para desarrollar las terapias basadas en anticuerpos pueden, por lo tanto, promover el desarrollo de vacunas.

Desventajas: Como los anticuerpos son productos naturales deben ser producidos en líneas celulares u otros sistemas vivos de expresión. Esto aumentaría el problema teórico de que habría contaminación de las preparaciones de anticuerpos por agentes infecciosos tales como virus o priones. Si bien la estrecha regulación y la vigilancia pueden reducir este problema, la necesidad de ir tras un monitoreo y una prueba para la contaminación contribuye al alto costo del desarrollo y administración de la terapia de anticuerpos. Además, la terapia basada en anticuerpos requiere soportes lógicos considerables. Como los anticuerpos son proteínas, no pueden administrarse oralmente, excepto aquellas usadas para el tratamiento de ciertos tipos de enfermedades infecciosas de las mucosas, tales como el Cryptosporidium parvum asociado a la diarrea, y en donde por lo tanto, se requiere administración sistémica.

Debido a su alta especificidad, los anticuerpos tienen actividad contra los microorganismos a los que se unen. La terapia de anticuerpos requiere por lo tanto el conocimiento del agente causal, lo cual a su vez requiere un diagnóstico microbiológico rápido. Adicionalmente, debido a que la eficacia de los anticuerpos es más alta cuando son administrados en forma temprana en el curso de la infección, el diagnóstico rápido es esencial para el éxito de la terapia de los anticuerpos. Por ejemplo, la eficacia de la terapia serológica para el Pneumococo pneumoniae es notablemente reducida después de los primero tres días de síntomas. En las primeras décadas de la era antibiótica, la ausencia de innovación en el diagnóstico microbiológico fue tolerada debido a la disponibilidad de agentes antimicrobianos de amplio espectro. Sin embargo, la necesidad de técnicas de diagnóstico rápido ha asumido una urgencia mayor con la aparición de hongos en huéspedes inmunocomprometidos y de infecciones nosocomiales, bacterias resistentes y enfermedades virales desconocidas previamente para los cuales el armamento antimicrobiano disponible es inadecuado. Al mismo tiempo, el desarrollo de la PCR y otras técnicas de diagnóstico rápido han provisto nuevas opciones que podrían soportar la terapia basada en anticuerpos. Importantemente, la eficacia de la terapia basada en anticuerpos puede ser impuesta relativamente fácilmente, como hay valores clínicos bien definidos que pueden usarse para determinar si es que la terapia ha sido exitosa.

Una característica peculiar de la terapia basada en anticuerpos es que su eficacia disminuye rápidamente a medida que la duración de la infección aumenta. Los reactivos de anticuerpos con potencial terapéutico se evalúan a menudo por la administración a huéspedes antes de la infección. Si bien esta aproximación para elegir las preparaciones de anticuerpos fue claramente establecida durante el desarrollo de la terapia serológica, es notable que el suero fue efectivo en humanos incluso cuando se administraba varios días después de la aparición de los síntomas, a pesar de tener poca o ninguna eficacia terapéutica en los ratones usados como modelos. Sin embargo, incluso en humanos, la eficacia de la terapéutica con anticuerpos disminuía rápidamente después de la aparición de los síntomas. El mecanismo responsable para esto no se comprende muy bien, pero reflejaría un rápido aumento en la carga microbiana en los modelos animales usados, los cuales son usualmente elegidos en base a su susceptibilidad marcada al agente en cuestión. Una pérdida de eficacia con la duración de la infección o de la enfermedad aumentada podría limitar la aplicación de las estrategias basadas en anticuerpos a la profilaxis y/o a condiciones donde es posible un diagnóstico temprano.

Una de las ventajas más grandes de la terapia de los anticuerpos, es decir la alta especificidad, sugiere que el mercado potencial para un reactivo probable es pequeño -como el tamaño de los mercados es proporcional al número de individuos afectados. Dados los grandes costos que están asociados con el descubrimiento y desarrollo de drogas, es probable que el desarrollo de la terapia basada en anticuerpos apuntará principalmente a enfermedades infecciosas que son lo suficientemente comunes como para proveer un resguardo económico. En la práctica, esto significa que, si bien la terapia de los anticuerpos sería efectiva, tal terapia es improbable de ser desarrollada para enfermedades infecciosas relativamente raras pues los costos son considerados prohibidos.

Los altos costos de producción, almacenamiento y administración de los anticuerpos constituyen otra desventaja de la terapia basada en anticuerpos. En el campo de las enfermedades infecciosas, la discusión de los costos de esta terapia es a menudo afectada por el hecho de que se la compara con el costo relativamente bajo de las drogas antimicrobianas. Sin embargo, una comparación real de los costos debe incluir el hecho de que la terapia de drogas no específicas selecciona organismos resistentes y predispone a los individuos a sobreinfecciones, lo cual incurre un costo adicional debido a la hospitalización prolongada, terapia y seguimiento del paciente. Como la alta especificidad de la terapia basada en anticuerpos hace improbable que seleccionen entre los microorganismos no marcados alguno para la resistencia, no tendrían un impacto tan notable sobre la microflora residente. Por lo tanto, los altos costos serían compensados por los niveles más bajo de resistencia e infecciones nosocomiales menos frecuentes. A pesar del costo del desarrollo de los anticuerpos, es notable que el tiempo para el desarrollo de una terapia potencial de anticuerpos, con tal que un antígeno apropiado esté disponible, es considerablemente más corto que el necesario para desarrollar una vacuna.

Nuevas direcciones en la terapia anti-infectiva basada en anticuerpos

Una gran ventaja de la terapia anti-infectiva basada en los anticuerpos es su flexibilidad inherente -en adición a la disponibilidad de nueve isotipos naturales con diferentes vidas medias, la habilidad para activar el complemento y para interactuar con diferentes receptores Fc, es además posible modificar las inmunoglobulinas para tener nuevas capacidades antimicrobianas. Una estrategia es para marcar las células huéspedes infectadas mediante la unión de las toxinas celulares a los anticuerpos que actúan contra los antígenos microbianos que se expresan en las superficies de las células huéspedes. A lo largo de estas líneas, los anticuerpos para el cytomegalovirus murino que están unidos a la cadena A de ricino deglicosilada se han mostrado para marcar las células infectadas con citomegalovirus. Similarmente, las proteínas de la cubierta viral que se expresan en la superficie de las células infectadas por HIV, las células que sintetizan virus pueden ser marcadas con anticuerpos que se unen a la cadena A de ricino o también la exotoxina A de la Pseudomonas spp. . Las inmunotoxinas son atractivas particularmente para la terapia de las enfermedades infecciosas en las cuales el patógeno es intracelular y usa su medio para reproducirse. Sin embargo, no son necesariamente activos contra microorganismos extracelulares como los anticuerpos que deben ser internalizados en forma relativamente rápida y el enlace covalente de una toxina a la molécula de inmunoglobulina tiene el potencial para despertar una respuesta de los anticuerpos en los huéspedes tratados, lo cual limitaría el uso repetido.

Otra estrategia para marcar anticuerpos es unir radionucleidos a anticuerpos específicos tales como la molécula de inmunoglobulina marca y reparte radiación microbicida al microorganismo. Esta aproximación se conoce como Radioinmunoterapia y ha sido usada exitosamente en el tratamiento del cáncer. Una prueba del principio para el uso de esta estrategia para tratar una infección fue establecido mediante la demostración de que los mAbs para el C. neoformans capsular glucuronoxylomannan marcados con Bi o Re podría ser usado para tratar la criptococcis murina. La administración de mAbs radiomarcados prolongaba la supervivencia y reducía la carga fúngica del órgano en su modelo, mientras que un mAb radiomarcado irrelevante o que no está unido a un mAb específico no tenía efecto. Además de que una gota transitoria de suero en un recuento en placa, sin toxicidad medible fue detectada en ratones que fueron tratados con mAb radiomarcados. La eficacia de la radioinmunoterapia contra la infección por el pneumococo murino ha sido también establecida, mostrando la aplicación de esta aproximación a una bacteria con paso ligero en ayunas. Los análisis de la susceptibilidad de las células fúngicas a los mAbs radiomarcados que se unen a los antígenos de superficie in vitro, usando tanto C. neoformans e H. capsulatum, mostraron una susceptibilidad marcadamente mayor a la muerte por las radiaciones particuladas repartidas por los anticuerpos (partículas alfa y beta) que a radiaciones externas (radiaciones gamma). Si bien esto no se entiende muy bien, es posible que las radiaciones particuladas que se reparten en las proximidades cerradas a las células microbianas tienen un poder asesino más grande que los fotones gamma. Alternativamente, los efectos de los anticuerpos, tales como la habilidad descripta recientemente de generar oxidantes, debería aumentar sinérgicamente el poder mortal de la radiación emitida localmente.

 

 

Un radionucleido unido a una inmunoglobulina convierte al anticuerpo en una molécula microbicida, incluso si el anticuerpo no es protectivo independientemente. Los métodos han sido desarrollados por la unión estable de los radionucleidos a inmunoglobulinas tal que en la hidrólisis in vivo no es un mayor problema. Consecuentemente, la radiounión tiene el potencial de aumentar el poder de la terapia pasiva de anticuerpos confiriendo el poder para matar a los microorganismos marcados a cualquier anticuerpo específico. Por lo tanto, la radioinmunoterapia para las enfermedades infecciosas sería efectiva teóricamente en huéspedes inmunocomprometidos y debería además ser efectiva contra células infectadas crónicamente que expresan antígenos microbianos en su superficie, lo cual podría ser una poderosa forma de eliminar microorganismos latentes que serían amparados por las células y que evitan los mecanismos de defensa del huésped. Una radiación particulada además asesina a las células infectadas a través de un efecto de "fuego cruzado" (la radiación que emana de una célula pega en una célula adyacente o en una célula distante), no todas las células microbianas en el área infectada necesitan unirse mediante moléculas de anticuerpos marcadas para ser asesinadas. En contraste a las inmunotoxinas, los anticuerpos radiomarcados no necesitan ser internalizados, es improbable que despierten respuestas inmunes significantes que limitarían el uso subsecuente y la separación improbable de la marca con el radiometal-quelator no produce un producto tóxico . Sin embargo, la aplicación de esta tecnología a enfermedades infecciosas está en su infancia, y el alcance de su utilidad y su potencial toxicidad queda por ser definida.

 

 

Otra aproximación para conferir propiedades biológicas adicionales a una inmunoglobulina es crear un anticuerpo biespecífico en el cual un brazo del fragmento del Fab reconoce un epitopo microbiano, y el otro reconoce un componente inmune del huésped, el cual es a menudo un receptor relevante. Numerosos reporte de anticuerpos biespecíficos con acción antimicrobiana efectiva han sido publicados. Por ejemplo, los anticuerpos biespecíficos consistentes de un patógeno unido al Fab han sido mostrados como efectivos en la promoción de la eliminación de los bacteriófagos y Pseudomonas aeruginosa.

PROBLEMAS NO RESUELTOS EN LA TERAPIA DE ANTICUERPOS

Después de más de 110 años del uso en humanos, aún quedan muchos problemas sin resolver que limitan la amplia aplicación de la terapia basada en anticuerpos. El desarrollo de los anticuerpos terapéuticos queda, en mayor parte, como una ciencia empírica. Para muchas enfermedades infecciosas, el entendimiento corriente de las patogénesis microbianas es insuficiente para predecir el antígeno microbiano contra el cual los anticuerpos terapéuticos serían construídos. Además, el conocimiento inmunológico frecuente es insuficiente para predecir que anticuerpos son efectivos contra microorganismos específicos, particularmente en huéspedes inmunocomprometidos. La relación entre los anticuerpos isotipos y la eficacia no está clara para muchos microorganismos, y las generalizaciones son difíciles. Por ejemplo, el mAbs IgG3 murino ha demostrado ser protectivo contra Streptococcus pneumoniae y M. tuberculosis pero son relativamente inefectivos contra C. neoformans.  Se ha encontrado que la IgM humana es altamente protectora contra infecciones experimentales producidas por C. neoformans y S. pneumoniae, además en el desarrollo de las vacunas la presencia de IgG específica en el suero es usado como un reemplazante para la inmunidad. Sin embargo, no conocemos si los conocimientos en la función de los isotipos que han sido propiciados de estudios de animales pueden aplicarse a humanos. Es claro que la unión a los anticuerpos a ciertos epitopos o a un antígeno dado puede resultar en la protección, mientras que la unión a otros epitopos es inefectiva, pero no podemos predecir corrientemente que epitopo incita a los anticuerpos protectores. Otro problema difícil es calcular la cantidad de anticuerpos a usar para la terapia. La administración de cantidades demasiado pequeñas puede no producir efectos terapéuticos, mientras que la administración de cantidades demasiado grandes pueden producir efectos desconcertantes como PROZONOS, con lo cual la eficacia de los anticuerpos se pierde y la administración del anticuerpo puede ser nociva para el huésped. Esto parece ser el resultado de un exceso de anticuerpos que interfieren con los mecanismos microbicidas del huésped y cambios en la expresión de las citoquinas.

LO QUE ESTÁ LEJOS Y LO QUE SE VIENE

La administración pasiva de anticuerpos se usa corrientemente para tratar y prevenir enfermedades causadas por el virus de la hepatitis B, el virus de la rabia, el virus respiratorio sincitial, el Clostridium tetani, Clostridium botulinum, virus vacunal, ecovirus y enterovirus. Las terapias de anticuerpos contra el HIV, rotavirus, sepsis bacterianas, citomegalovirus, C. neoformans y C. albicans están en desarrollo clínico. Además hay muchos anticuerpos monoclonales contra enfermedades infecciosas en desarrollo preclínico avanzado, y uno puede suponer que muchos más anticuerpos serán desarrollados para uso clínico. En esta consideración, la realización de esta terapia pasiva con anticuerpos puede proveer inmunidad inmediata contra armas biológicas y ha estimulado la investigación para ello, y el desarrollo de anticuerpos que protegen contra muchos agentes seleccionados incluyendo la toxina del Bacillus anthracis, el virus del Ébola y la toxina del C. botulinum. Consecuentemente los esfuerzos recientes para desarrollar medidas contra el desarrollo de armas biológicas serían un estímulo importante en el desarrollo de la terapia de anticuerpos para las enfermedades infecciosas. Sin embargo, la combinación de las dificultades económicas y de fabricación, necesarios para crear un producto con cadena de frío, de administración intravenosa, para un diagnóstico rápido y de especificidad patógena, y la disponibilidad continua de drogas antimicrobianas indica que el desarrollo de la terapia pasiva basada en anticuerpos progresaría lentamente, y ciertamente retrasaría la aplicación de la terapia basada en anticuerpos para enfermedades no infecciosas para las cuales no existe terapia disponible y donde la demanda es amplia. No obstante, predecimos que, en el futuro, el uso de esta estrategia antimicrobiana experimentada aumentará y anticipa que en el tiempo la terapia de anticuerpos, la quimioterapia antimicrobiana y otras posibles formas de inmunoterapia se usen en combinación para tratar una amplia variedad de enfermedades infecciosas.

GLOSARIO

ANTICUERPOS HUMANIZADOSLos anticuerpos monoclonales murinos son reconocidos como extraños por el sistema inmune humano. Para evitar esto, los anticuerpos humanizados pueden fabricarseTo avoid this, humanized antibodies can be constructed in which rodent hypervariable regions (antigen-binding site) are grafted into a human antibody framework.

ANTICUERPO MONOCLONAL. Anticuerpo altamente específico purificado que deriva de sólo un clon de células y que reconoce un sólo antígeno.

CD3 Un polipéptido complejo que se asocia con el receptor de la célula T y está involucrado en la señal de traducción. Un anticuerpo monoclonal específico CD3 bloquea la activación de las células T. 

EFECTO PROZONO. La disminución en una reacción antígeno-anticuerpo que ocurre cuando la concentración del anticuerpo o el antígeno aumenta.

ENFERMEDAD COMPLEJA ANTÍGENO-ANTICUERPO. Una enfermedad inmune compleja que es causada por la administración de sueros o proteínas séricas extrañas, y se caracteriza por fiebre, linfoadenopatía y ronchas en la piel.

ISOTIPO. The class — or type — of antibody as determined by structural features of the heavy chain constant regions. In humans there are five main isotypes: IgA (2 subclasses), IgD, IgE, IgG (4 subclasses) and IgM.

PEPTIDOS MIMOTOPOS. Péptidos que imitan a los epitopos naturales.

REACCION DE HIPERSENSIBILIDAD. Una reacción inapropiada a un alergeno que puede ser inmediata (tipo I, II y III) o tardía (tipo IV). Las diferentes reacciones involucran diferentes clases de anticuerpos y células efectoras.

RESPUESTAS ANTI-IDIOTIPICAS . El sitio de unión al antígeno de un anticuerpo se conoce además como idiotipo. La respuesta del anticuerpo a esta región puede generar anticuerpos que cargan la imagen del inmunogen original o antígeno

TECNOLOGÍA DEL HYBRIDOMA  La tecnología que conduce a la producción de anticuerpos monoclonales y que involucraba la generación de The technology that led to the production of monoclonal antibodies and which involved the generation of an antibody-secreting B-cell line by fusing splenic-derived B cells with an immortal myeloid cell line.

 

 HIPERTEXTOS DEL ÁREA DE LA BIOLOGÍA  © 1998-2007

• Universidad Nacional del Nordeste • 

Fac. de Agroindustrias, Saenz Peña, Chaco República Argentina • 

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