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Finalización de la secuencia del cromosoma Y revela
un “castillo de cristal” genómico
19 de junio de 2003— Un equipo de 40 investigadores ha terminado
la secuenciación del cromosoma Y, menospreciado cromosoma sexual masculino
al que en referencia al comediante norteamericano se lo llamó “el Rodney
Dangerfield del genoma humano” porque los investigadores creían que no
contenía ningún gen de interés.
El Y podría ganar un poco de respeto ahora que los investigadores han
descubierto que es realmente un “castillo de cristal genómico”, debido a
que contiene genes que afectan la fertilidad masculina, extensas regiones
especulares de ADN y varios genes funcionales y vestigiales.
Lo más importante es que los nuevos estudios han descubierto un
mecanismo asombroso que utiliza el cromosoma Y para mantener su
funcionalidad. Parece que el Y protege su integridad genética al
intercambiar copias múltiples del mismo gen dentro de su propia
estructura.
“Durante años, me habían dicho que el cromosoma Y estaba lleno de
repeticiones inútiles, que era un baldío genético”, dijo el autor senior
David C.
Page, investigador del Instituto Médico Howard Hughes en el Instituto
Whitehead para Investigación Biomédica del MIT. “Las personas nos
preguntaban por qué perdíamos el tiempo mapeándolo y secuenciándolo. Pero,
de hecho, lo que ahora hemos descubierto es que es un castillo de
cristal”.
Los investigadores publicaron sus resultados en dos artículos del
número del 19 de junio de 2003, de la revista Nature. Page colaboró
con colegas del Instituto Whitehead, de la Facultad de Medicina de la
Universidad Washington y del Centro Médico Académico en Amsterdam. (Para
ver una animación que resalta algunos de los descubrimientos claves del
trabajo, por favor haga clic aquí.)
Según Page, la detallada secuenciación genómica del cromosoma Y humano
que realizó el equipo llevará a una mejor comprensión de la infertilidad
masculina, así como de ciertos trastornos genéticos ligados al sexo en
mujeres. También especuló que sus resultados podrían ofrecer explicaciones
genómicas para las diferencias que existen en la susceptibilidad a
enfermedades entre hombres y mujeres.
Los cromosomas sexuales de animales y de seres humanos incluyen al
cromosoma X y al cromosoma Y, que es mucho más pequeño. Las hembras tienen
un par de cromosomas X y los machos tienen un cromosoma X y uno Y.
Page dijo que aunque se han declarado “completas” las secuencias de
varios organismos con cromosomas Y -entre los que se encuentran las moscas
de la fruta y los ratones-, esas secuencias genómicas no incluían al
cromosoma Y. En el caso del cromosoma Y humano -y probablemente de otros
animales- las técnicas de secuenciación estándares no han funcionado
debido a las largas porciones de ADN casi idéntico que carecen de las
señales necesarias para dirigir el ensamblaje de secuencias de segmentos
más pequeños, dijo Page.
El Y es único entre los cromosomas ya que tiene largas porciones
especulares, o “palindrómicas”, secuencias de ADN que casi impidieron la
secuenciación. “Nadie ha visto palíndromos de esta escala y grado de
precisión en ningún lugar del genoma”, dijo Page. “Antes de comenzar con
este proyecto, cuando nos preguntamos por qué sería tan difícil mapear y
secuenciar el cromosoma Y, yo solía decir que se parecía a una sala llena
de espejos. No tenía ni idea de lo exacta que era esa analogía, ya que el
Y es literalmente una sala de espejos. El tratar de secuenciar el
cromosoma Y es comparable con lo que sería entrar a una sala llena de
espejos, dar vueltas y tratar de dibujar el plano de la sala después de
salir. Se está desorientado”.
Para superar las problemáticas duplicaciones de la secuencia de ADN,
Page y sus colegas emplearon un método iterativo para lograr una imagen
total del mapa de Y. Luego, refinaron la técnica para realizar
secuenciaciones más exactas de segmentos individuales del cromosoma Y. Al
secuenciar el cromosoma Y en segmentos, pudieron detectar diferencias
minúsculas entre los palíndromos casi idénticos. Entonces introdujeron
nuevamente dentro de su mapeado los datos de esas secuencias para
mejorarlo.
Para reducir al mínimo las complicaciones debidas a la variabilidad
genética normal entre hombres, se realizó la secuenciación en el cromosoma
Y de un solo hombre, cuya identidad sigue siendo anónima.
Page dijo que gran parte del crédito de la secuenciación de alta
precisión lo merece el Centro de Secuenciación Genómica de la Universidad
Washington, cuyos investigadores alcanzaron una exactitud en la secuencia
del cromosoma Y de un error entre 100.000 y 1.000.000 de pares de bases de
ADN. Esta hazaña es aún más impresionante cuando se considera que para
deducir la secuencia de aproximadamente 24 millones de pares de bases del
cromosoma Y, el equipo tuvo que secuenciar bastante más de 50 millones de
pares de bases de ADN, según los cálculos de Page.
La secuencia final revela que el cromosoma Y es un mosaico de dos tipos
de secuencias genómicas: secuencias eucromáticas, que representan genes
activos, y secuencias heterocromáticas, que no son funcionales.
Las secuencias eucromáticas funcionales incluían tres clases, dijo
Page. “Estas tres clases realmente gritan mensajes sobre la evolución del
cromosoma Y y de los cromosomas sexuales en general, y actualmente sobre
la función del cromosoma Y”, dijo.
Las tres clases de secuencias se llaman “X degenerada”, “X transpuesta”
y “amplicónica”. Las secuencias de X degeneradas son reliquias de una
época antigua cuando los cromosomas X e Y evolucionaron por primera vez a
partir de un cromosoma común o autosomal. Los genes dentro de estas
secuencias -que se asemejan a genes en el cromosoma X- muestran evidencias
del decaimiento constante debido a mutaciones, y muchas de estas
secuencias no son funcionales. “Podemos ver evidencias de que a pesar de
que genes en el X son copias funcionales, en muchos casos los genes
correspondientes en el Y son chatarras que ya no hacen nada”, dijo Page.
“Y en cierta medida esto nos hace ver al cromosoma Y como si fuera un
cromosoma X descompuesto”.
Las secuencias X transpuestas son genes que fueron intercambiados
conjuntamente a partir del cromosoma X, hace aproximadamente entre tres y
cuatro millones de años, después de que los antepasados de los seres
humanos y de los chimpancés divergieran en líneas separadas. Hay pocos
genes funcionales en esta región, dijo Page.
Finalmente, las secuencias amplicónicas son las que existen dentro de
segmentos palíndromos múltiples y repetidos. “Los genes amplicónicos son
la gran sorpresa”, dijo Page. “A pesar de que los genes X degenerados
tienden a ser expresados a lo largo del cuerpo en muchos tejidos y tipos
de células distintos, la expresión de los genes de las secuencias
amplicónicas está muy restringida a los testículos. Y hasta el punto en el
que los hemos estudiado en detalle, parece que en realidad sólo se
expresan en las células espermatogénicas mismas”. De este modo, dijo Page,
estos genes probablemente tengan una función extremadamente importante en
la generación del esperma. Esta función ha sido confirmada por trabajos
anteriores que demuestran que las mutaciones en el cromosoma Y son las
causas genéticas conocidas más comunes de infertilidad masculina.
Quizás el descubrimiento más importante que surge de la secuenciación
del cromosoma Y, dijo Page, es la forma en la que los genes amplicónicos
evitan la degradación que resulta de las mutaciones. A diferencia de los
dos cromosomas X de las hembras, el cromosoma Y no tiene un compañero con
quien intercambiar genes durante la división celular para reemplazar a los
genes que han sufrido mutaciones deletéreas, dijo Page.
“Éste fue el apoyo teórico para la noción tradicional de que el Y era
un baldío genético -el Rodney Dangerfield del genoma-”, dijo Page. “Pero
creemos que hemos descubierto que muchos de los genes en el Y, y
virtualmente todos los genes amplicónicos, se encuentran en pares. Y por
eso, los pares de genes en el Y se pueden intercambiar, no con los genes
de otro cromosoma, sino con un compañero en el palíndromo idéntico
correspondiente. Pienso que esta conversión genética Y-Y es el
descubrimiento más importante de nuestro trabajo”. Sin embargo, agregó, la
misma recombinación interna es la base de las aberraciones cromosómicas
que llevan a la infertilidad masculina.
Para confirmar que los genes amplicónicos en los palíndromos del
cromosoma Y se han estado recombinando a través del tiempo, Page y sus
colegas también realizaron un análisis comparativo de las secuencias de
esas regiones de los cromosomas Y de seres humanos y de chimpancés. Según
lo publicado en el segundo artículo de Nature, esa comparación
reveló que, en efecto, tal recombinación existe en ambas especies.
“Los cromosomas sexuales representan un experimento magnífico de la
naturaleza”, agregó Page. “Y en nuestro trabajo, cada algunos años
logramos observar ciertos aspectos inesperados de este experimento. Y de
todos estos aspectos, esta conversión genética Y-Y es una de las más
audaces”.
Page acentuó que las implicaciones científicas y clínicas de la
secuenciación del cromosoma Y son profundas. Por ejemplo, la secuenciación
comparativa del cromosoma Y entre varias poblaciones humanas revelará
mucho sobre su variación y sobre sus funciones.
De forma más general, dijo, “a pesar de que la secuenciación del genoma
humano ha tenido un valor extraordinario, pienso que nuestro trabajo
ilustra que esas partes del genoma más complicadas que aún no han sido
secuenciadas podrían contener gemas particulares dignas de ser
encontradas”. Y la excavación adicional en regiones heterocromáticas de
ADN especialmente complicadas, que también contengan bloques de material
genético duplicados masivamente, también podría ofrecer nuevas pistas
genómicas.
Los médicos clínicos ya están utilizando los datos de la secuenciación
del cromosoma Y para comprender los orígenes genéticos de la infertilidad
masculina, dijo Page. Esos datos genómicos ayudarán a comprender el
síndrome de Turner, uno de los trastornos cromosómicos más comunes en las
mujeres. El trastorno se presenta debido a la carencia de un cromosoma
sexual, y el gen ausente podría ser un gen X degenerado o su contraparte
en el cromosoma X, dijo Page.
Más especulativamente, Page dijo que los genes en el cromosoma Y
podrían influir en las diferencias específicas de los géneros a la
susceptibilidad a enfermedades. Se ha obtenido evidencia de que el
cromosoma Y desempeña una función en la determinación del sexo gonadal, en
el crecimiento esquelético, en la tumorogénesis de las células germinales
y en el rechazo a injertos, dijo.
“Sabemos que existen muchas enfermedades para las cuales los hombres o
las mujeres presentan un riesgo más alto”, dijo Page. “Se ha asumido
convencionalmente que estas diferencias en la susceptibilidad a
enfermedades reflejan la acción de las hormonas sexuales, y no la acción
de los cromosomas sexuales directamente”. Pero esa asunción se determinó
cuando se pensaba que el Y no tenía ningún gen, dijo Page.
En algún momento, los investigadores creían que durante el desarrollo
de las hembras, todos los genes de un cromosoma X se inactivaban, dejando
sólo un suplemento completo de genes en el otro cromosoma X. Y puesto que
el Y supuestamente no tenía ningún otro gen a excepción de los genes
relacionados reproductivamente, los hombres y las mujeres eran
supuestamente equivalentes genéticamente.
“Pero ahora sabemos que hay muchos genes en el X que escapan a la
inactivación, así que están presentes en dos copias en las hembras y en
una copia en los machos. De este modo, quizás debamos repensar las
funciones de los segundos cromosomas sexuales en estas diferencias
frecuentemente dramáticas que existen entre la susceptibilidad a las
enfermedades de los hombres y las mujeres”.
Foto: Stanley Rowin Volver arriba
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