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INTRODUCCION.
Generalidades.
La
enfermedad de Chagas es una zoonosis exclusiva de Latino
América, producida por un parásito flagelado: el Trypanosoma
cruzi. Originalmente era una enzootia de animales
silvestres, transmitida por triatominos también
silvestres. Esta situación aún persiste en ciertas áreas
como E.E.U.U. y en el Amazonas; en otras, algunos
triatominos se adaptaron completamente al domicilio y la
dolencia se transformó en una enzootia de animales domésticos
y una endemia humana (Prata,1973).
Por
tanto en la cadena epidemiológica de la Tripanosomiasis
Americana se
distinguen dos ciclos: el ciclo silvestre, donde el Trypanosoma cruzi circula en biotopos naturales o focos y el ciclo
domiciliario, donde la transmisión se realiza en
ecotopos artificiales de origen antrópico (la vivienda
y los anexos peridomésticos). Ambos ciclos pueden y
suelen estar relacionados entre sí, si bien la
intensidad del intercambio entre ellos es muy difícil
de evaluar y sin duda varía en distintas áreas geográficas.
(Wisnivesky-Colli,1982).
Es
decir que se trata de ciclos integrados e
interdependientes del
Trypanosoma cruzi, que resultan de procesos y
mecanismos ecológicos y sociales bien definidos, de los
cuales como último análisis, se llega a la enfermedad
humana (Dias,1984).
Si
bien los triatominos son insectos primitivamente
silvestres, el proceso de radiación de los mismos hacia
ecotopos artificiales es un fenómeno dinámico y actual
que se refleja en la existencia de numerosas especies
que invaden y colonizan la vivienda humana y sus anexos
(Zeledón,1983).
Cuando
el hombre entró en contacto con los focos naturales de
la Tripanosomiasis Americana y alteró su equilibrio
ecológico, mediante la colonización ligada a diversas
actividades (agrícolas, pecuarias, de industria
extractiva o a la construcción de caminos), esta
parasitosis se transformó en una infección que se
transmite por mecanismos naturales de los animales al
hombre y viceversa (Forattini,1980).
Así
algunas especies se aproximaron al habitat artificial
creado por el hombre,
con mayor o menor éxito según la valencia ecológica
de cada una de ellas.
En
algunos casos, entonces, esta asociación puede tener
miles de años y en otras es más reciente, comprendiéndose
de esta manera los diversos niveles de adaptación en
que se encuentran los triatominos. Entre los
exitosamente adaptados a la vivienda humana se hallan Triatoma
infestans y
Rhodnius prolixus (si bien éste último conserva
ecotopos primitivos como palmeras y nidos de aves).
Triatoma
sordida junto a T.
dimidiata, T. guasayana, T. patagonica,
entre otras, estaría ubicada en una segunda categoría,
en la cual los insectos se han adaptado o aún están en
un proceso de adaptación al domicilio, y en general
cuentan con numerosos biotopos que les permiten vivir en
condiciones totalmente silvestres, en algunos casos
alejados del hombre (Zeledón,1983). En Brasil, después
de las actividades del Programa de control de Triatoma
infestans, Triatoma
sordida
presentó índices ascendentes de captura en el ambiente
domiciliar, estimándose que esta especie podía
sustituir a la primera en el nicho intradomiciliario
(Dias, 1988 y Diotaiuti, 2000).
Existen,
por otra parte, especies de hábitos absolutamente
silvestres.
Origen.
Las especies muy parecidas morfológicamente constituyen los
complejos específicos. La situación actual de las
especies de los triatominos y de los citados complejos
incluyen algunos géneros monotípicos, por lo que no
presentan problemas taxonómicos, ya que cuentan con una
sola especie conocida. En el Género Triatoma
Laporte,1832, Lent & Wygodzinsky, (1979) reconocen
la existencia de varios complejos, según las características
de adultos y de algunas ninfas. Entre ellos se distingue
el complejo Triatoma
sordida Stål,
1859, que incluye a Triatoma
guasayana,
Triatoma patagonica y la recientemente revalidada Triatoma
garciabesi.
El
conjunto del complejo tiene una distribución desde el
Centro-Norte del Brasil hasta la Patagonia, incluyendo
gran parte del territorio Argentino, de Paraguay y del
Este de Bolivia. Existe gran semejanza entre estas
cuatro especies según revelan investigaciones sobre la
morfología, ecología, genética e isoenzimas. Las
semejanzas son marcadas entre
Triatoma sordida y T.
garciabesi, las que fueron consideradas como una
sola especie durante casi 20 años, debido a su
semejanza y gran variabilidad en algunos caracteres
morfológicos.
El
área de floresta seca (Chaco) que ocupa el Este de
Bolivia, Oeste y Centro de Paraguay y Norte de Argentina
posiblemente sea el área original del complejo; allí
se encuentran 3 de las especies. En cambio, la
distribución geográfica de T. patagonica llega hasta cerca del límite meridional de la Región
Biogeográfica Chaqueña; por lo que los límites
extremos de la distribución de
T. sordida y T. patagonica están a varios miles de kilómetros de distancia.
En
el marco del complejo hay áreas en las cuales se
superponen más de 2 especies, o sea donde las 4
especies son parcialmente simpátricas. A partir del
Chaco, T.
garciabesi emigró al Sur y Oeste viviendo en nidos
de aves, y en anexos peridomiciliarios colonizó
gallineros. T.
patagonica llegó hasta los 46°LS, prefiere habitar
en corrales, alimentándose de sangre de mamíferos y
del hombre en ambientes silvestres;
se
asoció también a gallinas y no mostró una
tendencia a domicializarse.
Triatoma
guasayana, la menos especializada del grupo, se
encontró en numerosos habitats silvestres, en
peridomicilio y dentro de la habitación humana, alimentándose
de cualquier vertebrado, inclusive de sangre fría. Por
último la línea de
T. sordida pareciera haberse dispersado desde el
Chaco hacia el Este y Nordeste, demostrando gran
adaptación a diversos habitats y fuentes alimenticias e
incluso invade la vivienda, con cierta frecuencia, en
zonas húmedas. (Carcavallo et al., 1999).
En
muestreos llevados a cabo con anterioridad a la
realización de esta investigación se detectó la
presencia de
T. sordida
en palmeras.
El
tema central de esta Tesis es conocer si especies de
triatominos, con especial énfasis en las especies la
importancia epidemiológica,
colonizan
biotopos silvestres, como ejemplares de palmas.
Dado
que los resultados logrados en esta Tesis señalan que T.
sordida
resultó la especie dominante en los citados biotopos en
la Provincia de Corrientes, se presentan a continuación
algunos aspectos comportamentales de este triatomino.
Características
ecológicas, etológicas y fisiológicas de T. sordida.
Entre
las características que definen un vector eficiente del
T. cruzi, se
incluyen el comportamiento alimentario, el ritmo de las
deyecciones, así como el número de picadas realizadas
durante el proceso de alimentación (Diotaiuti et
al., 1995).
Los
triatominos para llevar a cabo sus funciones vitales
necesitan sangre de vertebrados silvestres o domésticos.
La cantidad de sangre ingerida varía en cada estadio
evolutivo.
Los
triatominos son particularmente apropiados para realizar
estudios sobre desarrollo y muda. Su sistema
neurosecretor responde a la señal activante, fácilmente
controlada, de un alimento sanguíneo. Hay una respuesta
estándar aún después de largos períodos de ayuno,
durante los cuales el desarrollo es casi totalmente
detenido (Friend y Smith, 1985)
La
rapidez con que un insecto completa su alimentación, o
sea su capacidad intrínseca de succión, aliada al
menor número de interrupciones, (con un número menor
de picadas subsecuentes), aumenta sus posibilidades de
supervivencia, tanto desde el punto de vista de su
protección contra las reacciones del hospedador, como
de la posibilidad de obtención de sangre necesaria para
el proceso de muda para el siguiente estadio evolutivo,
con un solo alimento (Rabinovich et al., 1979).
La
literatura existente con relación a la sangre ingerida
por varias especies de triatominos y en especial por
T. sordida, sugiere que todavía quedan numerosos
interrogantes por aclararse sobre su metabolismo. Es
decir que existen pocas referencias sobre el
comportamiento alimentario, salvo su conducta ecléctica
bien marcada. Algunos interrogantes se basan en si un
solo alimento proporciona la cantidad de sangre
necesaria para mudar en ambientes naturales, o si
existen alimentaciones que facilitan su evolución. Los
antecedentes se basan en experiencias de laboratorio,
con todas las restricciones que ellas implican (Juárez
& Silva, 1982).
En
lo concerniente al número de alimentaciones se observó
que hay diferencias significativas entre los grupos de
individuos explorados a 25 y 30 °C. El número fue
mayor a 25°C desde el primero al cuarto estadio (2,7;
2,5; 2,4; 3,6; respectivamente). En el quinto estadio no
se verificó diferencia por efecto de la temperatura
(9,3 versus 9,7).
Se
concluye que las ninfas de tercer estadio necesitan el
menor número promedio de ingestas a ambas temperaturas,
así como los machos y las hembras, en cambio las ninfas
de quinto requieren el mayor número promedio de
alimentaciones a ambas temperaturas (Juárez &
Silva, 1982).
La
razón entre la sangre consumida y el número de actos
alimentarios representa la cantidad media de sangre
ingerida efectivamente en cada alimentación realizada.
Los resultados indican que la mayor duración de un
estadio requiere un mayor número de alimentaciones, por
lo que la duración de un estadio evolutivo está
condicionado al número de ingestas recibidas (Juárez
& Silva, 1982).
En
condiciones experimentales se probó la dinámica de la
alimentación, es decir el tiempo transcurrido entre la
oferta de alimento y el inicio de la alimentación en
ninfas de tercer estadio de T.
sordida. Las ninfas se colocaron en una bandeja que
contenía además, un ratón anestesiado. La temperatura
media de la experiencia fue de 27°C ± 2°C y la
humedad relativa media de 64,0% ± 2,0%. Los resultados
indican que el 84,0% de las ninfas (N=21) se alimentaron
a repleción en 29’4” ± 19’8”. Un porcentaje de
ninfas de primer estadio se alimentó al día siguiente
de eclosionar y el 95,8% de las ninfas respondieron al
estímulo alimenticio al segundo día. En experiencias diurnas el número de ejemplares que inició su
alimentación fue mayor que en las nocturnas (Diotaiuti et al., 1995).
En
un análisis detallado de la cantidad de sangre ingerida
en cada acto alimentario, discriminado por clase de
edad, se probó que el efecto de la temperatura fue
notorio del primero al cuarto estadio (Juárez &
Silva, 1982). En los estadios citados las cantidades
medias de sangre ingeridas a 25°C fueron
significativamente mayores que a 30°C, diferencias
confirmadas por el test de Scheffé, excepto en el
quinto estadio. Se demostró también que las hembras
ingerían mayor cantidad de sangre que los machos,
experimentando con ambas temperaturas.
La
razón entre la sangre ingerida y la duración de cada
estadio brinda una medida media diaria necesaria para
que el insecto mude entre dos estadios consecutivos.
Cantidad
media de sangre ingerida por estadios evolutivos
de
T. sordida
bajo condiciones controladas de T° (en mg)
(Juárez
& Silva, 1982).
|
Estadio
|
25°C
|
30°C
|
|
N1
|
4,3
|
3,1
|
|
N2
|
12,1
|
9,7
|
|
N3
|
37,2
|
31,8
|
|
N4
|
127,8
|
99,6
|
|
N5
|
531,0
|
534,5
|
Las
especies de mayor riesgo de transmisión son las que
presentan mayor posibilidad de contacto con el huésped
vertebrado y el menor tiempo para eliminar las
deyecciones, de forma tal, que las mismas queden
depositadas sobre la piel del hospedador (Rabinovich et
al., 1979).
En
investigaciones realizadas por Diotaiuti et
al., (1995) se observó que el tiempo
promedio de la primera deyección de T.
sordida alimentada sobre ratones, ocurrió a los
51’± 30’. Diez triatominos defecaron inmediatamente
después de la alimentación y 8 lo hicieron durante la
toma del alimento.
Con
referencia al patrón de defecación de T. sordida, la proporción
de heces más alta es eliminada en los primeros diez
minutos post alimentación (Crocco y Catalá, 1996).
Dias,
(1956) llama la atención acerca del comportamiento
diferente de los triatominos en relación con la dinámica
de la deyección, identificando a los de mayor potencial
vectorial entre aquellos que presentan mayor frecuencia
en la eliminación de heces, o que defecan más veces
durante o después de alimentarse, o los que completan
su alimentación en menor tiempo y cuando el número de
interrupciones en las picadas es mayor.
En
relación con número medio de picadas realizadas
semanalmente durante un mes T.
sordida realizó mayor número de picadas (0,8 ±
0,3)
respecto a otras especies, tales como T.
infestans y
Panstrongylus megistus. Este dato podría indicar
que T. sordida
no se adapta totalmente al hospedador, lo que representa
una dificultad para completar su comida sanguínea
(Diotaiuti et al.,
1995).
Sin
embargo, otros investigadores obtuvieron resultados
diferentes a los mencionados en último término. La
obtención de alimento de ninfas de tercero y quinto
estadio de T. sordida, T. infestans y de T.
guasayana se investigó en una caja experimental que
contenía a los triatominos y a un hospedador (gallina),
a los que se dejaba
interactuar cada noche.
Los
resultados indican que T. sordida fue la especie
que mejor explotó el recurso alimentario y que las
ninfas de tercer estadio son las que tuvieron mayor éxito
alimentario. Asimismo las ninfas de quinto estadio
consumieron una cantidad de sangre semejante al estadio
correspondiente de T. infestans. (Wisnivesky-Colli
et al.,
1995).
Asimismo las ninfas y
adultos de T.
sordida
se alimentaron rápidamente del hospedador, resultando
las hembras las más rápidas. Las ninfas de quinto
estadio requirieron mayor tiempo para para completar su
ingesta en relación con los adultos (Crocco y Catalá, 1996).
Ciclo de vida:
La
cría y el mantenimiento de un buen número de especies
de triatominos se lograron con éxito bajo condiciones
experimentales. De esta manera se tuvo acceso a
importante información sobre el efecto de los factores
abióticos (temperatura y humedad relativa) y sobre la
duración de cada uno de los estadios ninfales.
En
términos generales, hay especies cuyo ciclo vital
demora de 3 a 5 meses posibilitando que ocurran dos
generaciones anuales (Schofield, 1980). En esta categoría
se encuentran T.
infestans y
Rhodnius prolixus. Otro grupo requiere de 6 a 11
meses, por lo que solo se produciría una generación
anual: en este grupo figura T.
sordida y otras tales como T.
patagonica, T.
guasayana, T. dimidiata, etc. Finalmente algunas especies tienen un ciclo aún
más prolongado, que puede extenderse hasta 2 años o más
(Zeledón,1983).
La
influencia de la temperatura se puso en evidencia en
investigaciones en las cuales se demostró que, conforme
aumenta la temperatura el ciclo de
T. infestans se acorta notablemente (Juárez, 1970).
No
obstante, si bien puede producirse una generación a 37°C
en tiempo mínimo, los machos resultan estériles lo que
hace imposible el mantenimiento de los insectos a esta
temperatura (Franca-Rodríguez & Ceruzzi Romeo,
1965).
En
el caso particular de T.
sordida en un seguimiento longitudinal de 4 cohortes
de 100 huevos cada una se estudió el ciclo de vida
(Oscherov et al.,
1998).
La duración de la fase embrionaria fue de 13,4 días
a 28°C ±
3°C
y el tiempo medio de
desarrollo del período ninfal fue de 303,1 días,
mientras que el ciclo huevo-huevo demandó 330,3 días.
Las
ninfas de primer estadio y las de segundo completaron su
desarrollo en menos de un mes. Las ninfas de tercero y
cuarto estadio requirieron el doble del tiempo citado y
el quinto estadio fue el más prolongado, ya que recién
a los cuatro meses los individuos mudaron al estado
adulto.
La
proporción de los sexos para hembras y machos resultó
1,2:1. Las diferencias entre la longevidad media de los
machos (318,5 días) y la de las hembras (296,1 días)
no fueron estadísticamente significativas. Se constató
que un macho y una hembra vivieron más de 2 años como
adultos, constituyendo las longevidades máximas para
ambos sexos (Oscherov et
al., 1998).
El
ciclo evolutivo tiene una duración mayor o menor según
la rapidez con que ocurren las mudas. El mecanismo
fisiológico que permite que se produzca la ecdisis fue
descripto por Wigglesworth (1978). Este autor demostró
que el factor desencadenante es la distensión abdominal
durante la primera alimentación del triatomino. Es
decir que el alimento provoca receptores de expansión
en el abdomen para
indicar al cerebro que libere hormona cerebral, la que
determina que las glándulas protoráxicas liberen
ecdisona, ésta motiva que las células epidermales
inicien la mitosis y la hormona juvenil asegura una
expresión de genes apropiada para el desarrollo. Hay
apolisis, deposición de cutícula y finalmente ecdisis.
Además
la alimentación sanguínea es de fundamental
importancia para que ocurra la muda, dada la necesidad
de hematina, presente en la sangre, que tienen las
ninfas (Juárez & Silva, 1982).
En
lo que respecta a la mortalidad de
T. sordida en las diferentes clases de edad,
Oscherov et al., (1998) observaron que la mortalidad media de huevos fue
baja, y en dos cohortes la supervivencia alcanzó el
100,0%. El 45,1% de las ninfas murieron antes de
alcanzar el estado adulto, verificándose el mayor
porcentaje de muertes en las ninfas de quinto estadio y
el menor en las de tercero. Las ninfas de cuarto estadio
mostraron la mayor variabilidad en el patrón de
mortalidad absoluta.
La
mortalidad ninfal absoluta y relativa resultaron
altamente correlacionadas con el tiempo de desarrollo,
resultando mayor que en el estado de huevo. En términos
de mortalidad relativa las edades más críticas fueron
las correspondientes al cuarto y quinto estadios, las
que en conjunto aportaron el 71,5% de ejemplares
muertos; mientras que la mortalidad del primer estadio
fue baja (Oscherov et
al., 1998).
La
edad media de la primera reproducción se produjo en la
semana 47,2. En general, el 61,4% de las hembras ovipuso
por primera vez a la semana de ingresar al estado
adulto. Se registró un alto coeficiente de variación
aportado por el amplio rango determinado por cuatro
hembras que ovipusieron a los 5 días y 2 que recién lo
hicieron a la sexta semana. Se constató una oviposición
media de 5,6 huevos/ hembra/ semana durante 41,3 semanas
promedio; el número de huevos/ hembra/ semana fue
irregular, decreciendo a medida que aumentaba la edad de
la hembra.
La
fecundidad media fue de 454,8 huevos y la fertilidad
media del 80,9%. Se comprobó una disminución de la
fertilidad de las hembras de la primera generación de
laboratorio, ya que la supervivencia de los huevos
resultó inferior a la de los huevos de las cohortes
iniciales (Oscherov et
al., 1998).
Una
manera de evaluar los parámetros poblacionales de una
especie y en este caso particular de
T. sordida es mediante la elaboración de una tabla
de vida. Las cohortes se conformaron con huevos
ovipuestos en el lapso de 24 horas. La investigación se
llevó a cabo bajo condiciones controladas de
laboratorio, con el rango de temperatura ya mencionada y
una humedad relativa de 63,0% ± 10,0%.(Oscherov
et al., 1996).
Los
resultados muestran que el número de sobrevivientes
decreció paulatinamente en las 4 cohortes. La curva de
supervivencia se aproxima al tipo II (Slobodkin, 1966),
debido a que un número aproximadamente constante de
individuos muere en cada edad. Se observaron algunas
excepciones como la registrada en la semana previa a la
edad media de ingreso al estado adulto; en la cual murió
un elevado número de individuos.
La
mayor expectativa de vida (67,7 semanas) constatada en
las ninfas de primer estadio de dos cohortes refleja la
mortalidad ocurrida en el estado de huevo. Los machos y
las hembras tuvieron una expectativa de vida media
semejante (37,4 y 36,8 semanas respectivamente), salvo
excepciones.
A
semejanza de la supervivencia, la expectativa de vida
también disminuyó en forma correlativa, sin
registrarse picos importantes (Oscherov
et al., 1996).
La
edad media de la primera oviposición ocurrió a las
47,2° semanas de vida. La curva de la fecundidad media
indica valores altos desde la primer semana
reproductiva, alcanzando su máximo valor en la novena
semana y después de producido el pico de fecundidad, ésta
decreció en proporción constante. La edad media de la
última reproducción tuvo lugar en la semana 79
El
tiempo entre generaciones abarcó 61,7 semanas. La media
de las tasas de reproducción bruta, instantáneas de
natalidad y mortalidad fueron: 564,1; 0,086 y 0.005
respectivamente. La tasa de reemplazo fue 144,3, la tasa
intrínseca de incremento natural fue 0,0824 y la tasa
finita de incremento fue 1,085.
La
distribución del valor reproductivo calculado para cada
clase de edad fue de tipo normal, con un crecimiento
gradual en las edades pre-reproductivas y una declinación
progresiva después de haber alcanzado el pico en una
etapa temprana del período reproductor. (Oscherov
et al., 1996).
Resistencia
al ayuno.
Los
triatominos tienen una gran capacidad para resistir
prolongados periodos de ayuno y el fenómeno es conocido
en varias especies. En T. dimidiata esta
capacidad generalmente aumenta con el estadio ninfal,
especialmente después de efectuar una comida sanguínea;
los adultos resisten menos que las ninfas de quinto
estadio y ambos sexos se comportan de manera similar. En
general las ninfas que más resisten son aquellas que
ingieren una cantidad de sangre importante pero no
suficiente para que ocurra la ecdisis. Los
periodos de resistencia son afectados notablemente por
la temperatura y la humedad relativa. (Zeledón,
et al., 1970a y Zeledón, 1981).
A
semejanza en T. sordida el efecto de la
temperatura sobre la resistencia al ayuno, medida en días
después de la muda, fue marcada en todos los estadios
evolutivos. La resistencia media al ayuno fue mayor a 25°C
que a 30°C, en todos los estadios evolutivos. En relación
con el comportamiento de los adultos frente al ayuno,
también el efecto de la temperatura fue mayor a los 25°C
que a 30°C y mayor en las hembras que en los machos. En
otras oportunidades tanto machos como hembras
resistieron al ayuno por mayor tiempo a 25°C (Juárez
& Silva, 1982).
Si
bien la resistencia al ayuno crece de primero a quinto
estadio, rápidamente decrece en hembras y machos a
ambas temperaturas.
Asimismo
se verificó una reducción de la sobrevida de las
hembras ayunadas con respecto a los machos.
Se
estima que la velocidad del consumo de las reservas
nutritivas para mudar es menor a los 25°C en los
triatominos.
Por
otra parte Juárez & Silva, (1982) evaluan que la
resistencia al ayuno observada para T. sordida
debe ser la menor posible, teniendo en cuenta que los
insectos fueron sometidos a un ayuno absoluto. Éstos
autores consideran que la ingestión de agua, u otros
elementos provenientes de una predación, por ejemplo,
debe prolongar la sobrevida durante el ayuno.
Capacidad
dispersiva.
Diversos
factores causan la dispersión de los triatominos. Este
fenómeno ocurre por diversos mecanismos desde ecotopos
naturales hacia el domicilio y anexos, o bien hacia
regiones más alejadas. T.
sordida por ejemplo, vive en bosques densos y al ser
éstos alterados por el hombre, encuentra nuevos
biotopos, aumentando así el área de distribución de
sus poblaciones
(Forattini
et al.,
1971b).
Por
tanto, no hay dudas respecto a la atracción que ejercen
los ecotopos artificiales como fuentes que les
posibiliten ejercer la hematofagia.
La
capacidad de vuelo de los adultos se puso en evidencia
tanto en condiciones de laboratorio, como de campo.
El
carácter ubicuita de este triatomino quedó demostrado
en las colonizaciones verificadas en los gallineros
experimentales, en los cuales se constató que se
movilizaban hasta 700 metros, esta movilización incluye
a las ninfas que pueden caminar distancias importantes.
La presencia dominante de las formas inmaduras sobre los
adultos indica la estabilidad de las colonias
constituidas, las que se mantienen en
búsquedas
posteriores. (Forattini
et al., 1973).
En
estudios de captura- recaptura en condiciones de campo
Schofield et al., (1991) observaron que
machos y hembras pueden realizar, al menos, tres tipos
de vuelos. El primero es un vuelo corto de no más de 5
metros desde el recipiente central de liberación, el
segundo incluye vuelos realizados en diferentes
direcciones, que oscilan entre 60, 75 y 90 metros. Por
último, éstos autores asumen que los insectos no
recuperados pueden haberse dispersado entre 100 y 200
metros desde el punto inicial.
Un
determinante importante del vuelo es la atracción que
la luz blanca y ultravioleta ejercen sobre los insectos.
Este hecho contibuyó a que las especies involucradas en
la enfermedad de Chagas atraídas por la luz eléctrica
se diseminen hacia la habitación humana (Zeledón y
Rabinovich, 1981).
La
búsqueda minuciosa de ecotopos artificiales
representados por casas y anexos mostraron una notoria
invasión por parte de T.
sordida en
el Estado de San Pablo, Brasil.
Por
otra parte las poblaciones extradomiciliarias de esta
especie manifestaron gran resistencia a las condiciones
adversas, manteniéndose en forma constante en sus
biotopos de origen. Para salvar estos inconvenientes Forattini
et al., (1973)
construyeron
cajas de madera, dentro de las cuales colocaron paja,
las que se instalaron en árboles secos, vivos y cercas.
Estos abrigos evitaban la penetración excesiva de agua
provenientes de lluvias.
En
lo referente al transporte pasivo se verificó que los
gorriones (Passer domesticus), cuyos nidos
estaban localizados en los techos de las casas,
transportaban entre sus alas a ninfas de los primeros
estadios. La atracción hacia el domicilio se debe
principalmente a que este triatomino coloniza con
facilidad los anexos, donde se crían animales domésticos.
Éste ambiente actúa como fuente de concentración a
partir de focos naturales localizados en la cercanía o
a distancias apreciables. En
base a las evidencias citadas se admite la movilización
activa de este insecto en procura de ecotopos más
estables, por lo que se espera un incremento de la
invasión al domicilio (Forattini et
al.,
1971b).
En
síntesis, su acentuada resistencia al ayuno y el carácter
ecléctico de su alimentación son factores que
posibilitan mayores oportunidades en la conquista de un
mayor número de ecotopos (Forattini et
al., 1973).
Objetivo
General:
Conocer las características
ecológicas de los triatominos que colonizan palmeras,
con especial énfasis en las especies de importancia
epidemiológica local.
Objetivos
Específicos:
Identificar
y caracterizar a las palmas que albergan a distintas
especies de triatominos silvestres e identificar
a los triatominos que integran la comunidad de las
palmas en un área rural de la Provincia de Corrientes.
Confirmar
los tripanosomas hallados como Trypanosoma
cruzi mediante la replicación del ADN extraído de
la materia fecal de T.
sordida y de T. infestans utilizando
la técnica de la Reacción en Cadena de la Polimerasa
(P.C.R.).
Analizar la composición de las especies de
triatominos que integran la comunidad de la palma Butia
yatay y sus abundancias relativas a lo largo del año.
Determinar
el patrón de disposición espacial que presenta T.
sordida en los diferentes refugios que le ofrecen
las palmas.
Conocer
los microhábitats de Butia
yatay que los diferentes
estados evolutivos de triatominos prefieren para
refugiarse.
Conocer
las características microclimáticas de la palma y las
diferencias observadas con las del ambiente externo.
Identificar
las fuentes de alimentación de los triatominos
capturados en Butia
yatay.
Detectar
si Triatoma
infestans y/o
T. sordida colonizan la vivienda rural en áreas próximas
al palmar y estimar la seroprevalencia humana al Trypanosoma
cruzi de
los habitantes de estas viviendas.
Conocer
las especies de Arthropoda asociadas a Triatoma
sordida en la comunidad de las palmeras.
Identificar
los diferentes taxa de Arthropoda y Vertebrata que actúan
como predadores potenciales de T.
sordida y de T. infestans. |